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    01.09.2020
    Dr. Javier Del Pozo

    prolapso uterino o vejiga caída

    Prolapso uterino o «vejiga caída«

    ¿Qué es?, ¿cómo puedo auto-diagnosticármelo?, y sobre todo, cómo solucionarlo

     

    Tal como hemos mencionado en otras ocasiones, el suelo pélvico es un conjunto de músculos y ligamentos que cierran la cavidad abdominal en su parte inferior. Su función es sostener los órganos contenidos en esa cavidad, u órganos pélvicos, tales como la vejiga, uretra, recto, útero y vagina en la posición adecuada que garantice su normal funcionamiento.

    Con la edad, o por otras circunstancias, el suelo pélvico se debilita hasta tal punto que no puede cumplir su función de soporte. En consecuencia, alguno de los órganos pélvicos desciende hasta presionar la vagina o, incluso, salir por ella. (lo que algunas mujeres denominan «vejiga caída»).

    Esta anomalía es conocida como un prolapso. El prolapso uterino, concretamente, se produce cuando el útero, el órgano donde se desarrolla el bebé durante el embarazo, se desprende y cae sobre el canal de la vagina debido al debilitamiento de los músculos y ligamentos que lo sostienen. Otros órganos, como los ovarios y la vejiga, también pueden desprenderse debido al debilitamiento de los tejidos de la pelvis.

    Hay diversos factores que pueden incidir en la probabilidad de sufrir un prolapso uterino. Entre ellos, haber tenido uno o varios partos vaginales. También la falta de estrógenos (hormonas femeninas) que se produce con la menopausia, o si se padece de obesidad o de tos crónica, ya que en ambos casos se incrementa la presión en la pelvis.

    Un prolapso uterino puede ser leve, moderado o grave según el grado de descenso del útero. En los casos más graves este órgano puede llegar a sobresalir a través de la abertura vaginal. De ahí el hecho de que algunas mujeres se refieran a ello como «vejiga caída».

    En los casos leves no provoca síntomas importantes, pero sí puede empeorar la calidad de vida de la mujer que lo padece.

    Síntomas de un prolapso uterino

    Los síntomas más frecuentes de un prolapso uterino son la sensación de pesadez en la pelvis o de estar sentada sobre una molesta bola pequeña. Otros síntomas son el dolor o la dificultad en las relaciones sexuales. Las ganas urgentes, repentinas y frecuentes de orinar son también síntomas a tener en cuenta. Igualmente debería considerarse la posibilidad si la paciente padece infecciones continuadas en la vesícula. El sangrado o el aumento del flujo vaginales son también signos de alerta al igual que sufrir frecuentemente de lumbago. Unos síntomas que se hacen más evidentes cuando se está sentada o parada durante un largo rato, cuando se hace ejercicio o cuando se levanta algún peso.

    Algunos estudios recientes confirman que el prolapso afecta a más de la mitad de las mujeres españolas que han dado a luz, apareciendo generalmente a partir de los 45 o 50 años. A menudo aparece con el inicio de la menopausia y, de manera mucho más frecuente, entre las mujeres con edades comprendidas entre los 60 y 69 años.

    Son muchas las mujeres que padecen estos síntomas sin acudir al médico, por pudor o por atribuirlo simplemente a la edad. Dado que resolver un prolapso, en la actualidad, no es nada complicado, recomendamos acudir al ginecólogo ante cualquier sospecha.

    Durante años se optó por introducir un pesario vaginal, un dispositivo para sostener al útero, pero esta solución presenta algunos inconvenientes. Entre los inconvenientes destacamos la necesidad de una limpieza periódica o la posibilidad de molestias en las relaciones sexuales.

    Actualmente se opta, generalmente, por una intervención quirúrgica consistente en colocar unas mallas de polipropileno que sujetan el útero o, en casos muy concretos, por una histerectomía. La histerectomía consiste en la extracción del útero y la reparación de las estructuras que lo soportan.

    Todas ellas son intervenciones que requieren un post-operatorio de unos dos a cuatro días. La paciente recupera su vida normal, olvidando cualquier molestia, pasados unos 15 días después de la cirugía.

     

     

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